Canto de responsos

La Hija de Dios

Ubicación: en margen oriental de la carretera N-502, frente a la entrada a la localidad.

Canto de responsos La Hija de Dios

Posiblemente con un origen en los rituales vetónicos, “los cantos de responsos” son ciclópeos bolos que dominan el paisaje. Se ubican junto a caminos y cursos fluviales, y sobre ellos se han ido acopiado pequeñas piedras lanzadas por los viandantes; al arrojar la piedra, se rezaba un responso, con la finalidad de quedar protegido de las ánimas y otros peligros que el camino pudiera deparar.

Son rocas que conservan un ritual folklórico, posiblemente relacionado con el mundo funerario celta. El rito consiste en tirar piedras sobre un canto de grandes dimensiones para librarse de las ánimas. Se trata de un ritual céltico relacionado con un lugar onfálico y con el Más Allá, que constituye un nuevo e interesante ejemplo de pervivencias célticas en el folklore de la Península Ibérica.

Los estudios realizados sobre las “peñas sacras” de la Península Ibérica apuntan hacia su aparente vinculación con el substrato proto-celta originario de la Edad del Bronce, lo que explicaría el carácter muy arcaico de alguno de los ritos con ellas relacionados, aparentemente asociados a una consideración onfálica de estas grandes peñas como elemento y símbolo de perennidad.

Los “Cantos de Responsos” se caracterizan por tratarse de ritos en determinadas peñas asociados a los muertos. Estos aspectos son de gran interés para precisar que se trata de la pervivencia, en una tradición actual, de un ritual religioso celta, pues está demostrado que el folklore religioso europeo ha conservado una herencia prehistórica.

La tradición religiosa del “Canto de los Responsos”, cargada de simbolismo, evidencia la creencia en que los espíritus de los difuntos vagaban por el “monte” y territorios agrestes, equiparables al saltus, como contraposición del territorio antropizados del poblado, donde habitan los vivos. Además, el rito de arrojar una piedra para tranquilizar o alejar al espíritu del difunto supone que dicho lugar era considerado, de forma más o menos consciente, como punto de contacto con el Más Allá, lo que manifiesta su carácter onfálico, tal como confirman los ritos adivinatorios conexos.

Tras la cristianización ocurrida en época indeterminada, y confirmada por la/as cruces grabadas que suelen contener estos bolos de granito en la base, dicha práctica se debió equiparar a la tradición litúrgica cristiana del responso, para liberar un alma del purgatorio, pero se mantuvo la creencia de que las ánimas vagaban por lugares agrestes, donde podían afectar negativamente a los vivos si no se les ofrendaba el ritual debido: arrojar la piedra al pasar por el “Canto de los Responsos”.

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