Pandero de las Mozas - Muñotello

Recurrente juego de niños, esta diversión hunde sus raíces en rituales ancestrales consistentes en el deslizamiento de las mujeres sobre una piedra sagrada para favorecer la fecundidad, en la creencia de que el contacto con la roca consagrada facilitaba la fertilidad, incluso de mujeres estériles.
Fernando Sánchez Dragó escribió que en los años 681 y 682, los concilios de Toledo tuvieron que anatematizar a los veneratores lapidum y cita al Padre Sarmiento que admite que sus paisanos creían en la virtud de ciertas lajas para preñar machorras y que en el finisterrano monte de San Guillermo había “una cama de piedra en la cual se echaban a dormir marido y mujer que, por estériles, recurrían al santo y a aquella ermita, y allí delante del santo engendraban; que por ser tan indecoroso se mandó por Visita (episcopal) quitar aquella piedra, pilón o cama y se acabó el concurso”. Pero las tradiciones tan fuertemente arraigadas, son difíciles de erradicar, por lo que concluye: “Y no hay asombro, pues a menudo se celebraban tales ritos con la bendición de la Santa Madre Iglesia, que ‘no pudiendo desde un principio destruir la superstición […] la tomó bajo su amparo. La pareja sin prole se apareaba a lo bestia, sobre la roca viva y a veces hasta en presencia del párroco”.
Este tipo de ronchaderas rituales no son extrañas en el Valle Amblés, el Pandero de las Moza responde a estos rituales ancestrales relacionados con la fertilidad de la mujer.

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