mironcillo Mironcillo

Mironcillo

Datos generales

Altitud: 1120 m
Superficie: 15,23 km²

Arquitectura tradicional

Morfología urbana de Mironcillo

Contorneado por el septentrión por el río Fortes, Mironcillo se asienta en el reborde meridional del Valle Amblés, a los pies de las primeras estribaciones de la Sierra del Zapatero.

Morfológicamente, el tejido urbano tiene una disposición celular, generando amplios espacios vacíos que, por su desarticulación, no pueden considerarse plazas. Ofrece una estructura netamente desarticulada, apoyada en el cordel de Sonsoles, que se traza por el centro del caserío, pasando por la plaza Mayor, y que fue el elemento vertebrador del caserío.

Pascual Madoz, a mediados del S.XIX, se refiere a Mironcillo como una localidad con 35-40 casas de inferior construcción. Tiene casa de ayuntamiento y una iglesia parroquial (San Sebastián), aneja de la de Sotalbo. El cementerio está en paraje que no ofende a la salud pública.

Tipología de viviendas de Mironcillo

Se incluye Mironcillo dentro de los núcleos de baja densidad y edificación con corral delantero del piedemonte septentrional del Sistema Central, concretamente el desarrollado en la vertiente Norte del Sistema Central. Dentro del modelo de vivienda serrana, el tipo de casa que caracteriza el tejido urbano es la de disposición arcaica con corral delantero profundo y pequeño cuerpo edificatorio y de fachada, con la vivienda al fondo del corral, ocultando su fachada a la calle.

El tipo anterior comparte espacio con el tipo de vivienda característica de la llanura cerealista: construcciones que orientan la edificación principal, la vivienda, hacia la vía pública, localizándose los corrales en posición trasera. El material constructivo es el propio de la comarca, la mampostería de granito asentada con ripios y encintados de mortero de cal (en la llanura el material predominante, ante la ausencia de piedra, es el adobe y el ladrillo).

Dentro del conjunto arquitectónico de Mironcillo será la tenada el elemento más representativo e identificativo de la localidad. Este tipo de arquitectura, antaño tan común en todo el Valle Amblés, salpica todo el caserío tradicional.

Su función originaria fue guarecer los carros y/o caballerías de las inclemencias del tiempo, así como la leña para el invierno, incluso el grano en tiempos de cosecha.

La tipología constructiva de las tenadas de Mironcillo siguen el modelo generalizado en la comarca: cuatro monolitos de granito, toscamente desbastados, trazan una estructura rectangular y sujetan una techumbre a partir de rollos de madera; la cubierta se completa con la superposición de capas de ramos de piorno, y retama que sirven de aislante, siendo repuestos anualmente, básicamente porque durante el invierno eran consumidos en las lumbres, luego las tenadas también cumplían una importante función como leñeras. Una variante también abundante es aquella que cuenta con paredes de mampostería en seco en todo el contorno de la estancia y que, a veces, se dota de una puerta aunque en este caso, los paramentos presentan un acabado mucho más depurado; en estos casos funcionaron como establos.

Este tipo de construcción también se empleo para generar cobertizos que guareciesen el acceso a los corrales.

Elementos de interés

Iglesia de San Sebastián

Litúrgicamente orientado, es un templo de nave única rematada en cabecera poligonal, sin diferenciarse en altura en el alzado. Está ejecutada en mampostería de granito con encintado de mortereo de cal, … leer más

Castillo de Aunqueospese

Dominando el Valle Amblés, se eleva sobre una estribación granítica a la sombra de la Sierra del Zapatero.
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Altar rupestre prehistórico

Supone una roca granítica, ligeramente destacada por su forma y altura de las de su entorno, en medio de un paisaje rocoso granítico salpicado por … leer más

Horno de pan

Ubicación: Calle Ayuntamiento Viejo

Característico de las localidades del Valle de Amblés es la existencia de infraestructuras con un carácter público y uso compartido. Las más comunes son las fuentes y pozos, fraguas y potros de herrar, pero en los municipios al mediodía del cauce del río Adaja también lo son los hornos de pan, donde los vecinos iban a cocer sus propios dulces y el pan.


Son pequeños edificios aislados, pero a diferencia de las fraguas, se ubican en el interior del caserío. Estos edificios públicos suplen la necesidad de dotar las viviendas con hornos particulares, hecho común en otros municipios de la comarca.


Son de planta única, con la mitad del edificio ocupada por el horno, que se manifiesta al exterior mediante una chimenea troncopiramidal. El horno propiamente dicho consiste en una bóveda de ladrillo revocada con barro, con una boca en arco de medio punto para manipular el pan, bajo la cual, enmarcado en una estructura de mampostería de piedra, se sitúa la boca de alimentación. Desde la bóveda se desarrolla la chimenea.

El de Mironcillo, recientemente restaurado, es de planta rectangular, orientado N-S. Se construye en mampostería de granito, reforzándose en las esquinas con de gran tamaño y mejor desbastada, dispuesta a soga. Esta misma fábrica se emplea en la puerta, cuyo dintel es una única pieza de granito. El tejado, con teja curva, es a doble agua, con el caballete perpendicular a la fachada, donde se abre la puerta de acceso. Hacia el centro de la cubierta se eleva una pequeña chimenea que se coincide con el horno.

Un segundo horno, con las mismas características, se halla en estado de semirruina.

Vía Crucis

Ubicación: carretera de Niharra, camino al cementerio.

S.XVII-XVIII

El Vía Crucis representa el recorrido, ante catorce cruces o estaciones, de los episodios que hizo Jesús con la cruz a cuestas desde la casa de Pilatos hasta el Calvario. Todos los Viernes Santo eran recorridas en procesión.

Las diferentes estaciones quedan representadas por cruces de piedra sobre peana troncopiramidal, algunas con una inscripción que constata el año (entre la segunda mitad del S.XVII y primera del S.XVIII) y el nombre de quien donó la cruz.

Del vía crucis de Mironcillo se conservan dos estaciones ya en la carretera a Niharra, camino al cementerio. Ambas se disponen sobre una peana troncopiralidal que se eleva desde una base de granito. De este Vía Crucis restan algunas peanas más dispersas por el caserío, alguna con inscripción.

Molinos hidráulicos de rodezno de Mironcillo

En el término municipal, en el cauce del río Forte, de conservan las ruinas de dos molinos harineros: el primero al N de la localidad y fuera del casco urbano, y el segundo en las inmediaciones del caserío, al mediodía.

Están ejecutados los edificios en mampostería de granito tomada con mortero de cal. Conservan, y aún cubierto por la vegetación son visibles, los sistemas de captación de agua que conducía el agua del río hasta las caceras, ejecutada en sillarejos.

De la cacera el agua se emboca al cubo troncocónico que, ejecutado en sillería de granito, permite que el agua tome la suficiente fuerza como para mover el rodezno. La robustez del cubo responde a la resistencia que había de ofrecer a la corriente de agua.

Los molinos constan de dos plantas: la baja o hidráulica, donde el agua mueve la rueda horizontal o rodezno, retornando al río a través del socaz; y sala de piedras, en la que tiene lugar la molienda. Parte de estos engranajes aún se conservan.

Comunicada con la sala de piedras, se abre otra estancia, donde habitaría el molinero.

El molino de rodezno fue el tipo más utilizado en los ríos abulenses. El agua era captada en el río, en una presa o azud, y se encauzaba hasta el cubo mediante un sistema de canalización o de caz. El cubo haría aumentar el desnivel, y con ello la fuerza de caída del agua sobre el rodezno motriz.

El movimiento del rodezno es transmitido a la sala de molienda por el palahierro. El cereal se echaba en una tolva de madera que dirigía el grano sobre las piedras de moler: la solera o de base, de mayor tamaño y fija al suelo, y la muela, que giraba sobre la anterior impulsada por el palahierro, moliendo el grano.

La harina caía sobre unos esterones colocados en torno a las muelas. Tras ser retirada se cribada, eliminando los restos de cortezas y vainas. Por último, se almacenaba en costales (sacos).

Los molinos tradicionales para el cobro utilizaban el sistema de maquila: el dueño del molino se quedaba con un porcentaje de la harina obtenida en la molienda.

Ubicación: calle Camino de Sotalbo.

La fragua en la que se forjarían las herraduras que en este potro, de uso público, se emplearían, ha desaparecido.

Constan de 4 bloques monolíticos de granito, muy toscamente desbastados, que, creando un espacio cuadrangular, sirven para ensamblar otros elementos de madera: el yugo o soporte donde se ataban los cuernos del animal, y dos travesaños laterales, uno fijo y otro giratorio (rodillo), que servía para tirar de unos cinchos hasta que la res se elevaba. En la base se encastran 4 bloques de granito, con un rebaje en la cabecera, para colocar las patas del animal. Las cabeceras de los monolitos fueron cosidas con tiras de acero para dar mayor consistencia a la estructura.

El oficio de herrero y herrador, unido en la misma persona, era crucial dentro del ámbito rural, en el que la base de la economía era la agricultura y ganadería. El herrero producía herramientas y útiles, y el herrador fabricaba las herraduras. La relevancia de estas actividades hizo que los ayuntamientos poseyeran una fragua y un potro de herrar, que cedían gratuitamente al artesano para que prestase el servicio. Estas infraestructuras se disponían a las afueras de los núcleos urbanos, evitándose molestias a los vecinos.

Túmulo de río Fortes

La monumentalidad de este túmulo se la daba su ubicación, en un altozano que domina parte del Valle Amblés y, que sin duda, suponía un hito en el paisaje.

Dentro de un contexto de crecimiento demográfico, y con procesos de superpoblación, en el que se buscan nuevos territorios para explotar, el túmulo, además de ser un lugar de enterramiento y de culto para la comunidad, estaría marcando territorialidad, en un momento de lucha por los territorios factibles de ser explotados, marcando territorialidad, marcando la propiedad y territorio de explotación por parte de un grupo humano, que además servirá como lugar de enterramiento y de culto, como punto en el que se celebrarían ceremonias, tal vez relacionadas con el mundo astral.

No fue más que una sencilla construcción, una referencia a la que acudir en determinados momentos y en el que se depositaban ofrendas, e incluso se enterraba a alguno de los líderes de la comunidad. Será incendiado hacia el 3000 a.C, con las ofrendas que contenía en su interior.

Es un monumento funerario tumular con dos fases constructivas:

  1. Neolítico Final.
  2. Calcolítico con Campaniforme, representado por una pequeña estructura circular, a base de pequeñas piedras, para lo cual se hubo de desmontar, parcialmente el túmulo. Con este momento se corresponde un ajuar lítico, de objetos pulimentados, de prestigio (son elementos votivos, sin señales de uso, hasta ahora inéditos en la Meseta: hacha, lámina de azada, cincel, gubia y maza, característico de los monumentos funerarios galaico-portugueses), ligado al mundo simbólico/funerario de ciertos individuos socialmente encumbrados, dentro de una sociedad en la que las diferencias sociales se están empezando a producir.

El túmulo constituiría un referente en el paisaje, albergando una cámara simple, de 3 m de diámetro y planta poligonal y construida con bloques medianos de granito, hincados en el sustrato sedimentario y dispuestas de manera apaisada. Se cubre con un túmulo de piedras y tierra, de planta ovalada y unas dimensiones de 12 X 14 m. En este túmulo se practicó fuego ritual.

Siendo un lugar funerario y simbólico, no se halló ningún hueso, lo que da pie a pensar que en el lugar se practicaban enterramientos residuales de ajuares (hojas de sílex de hasta 20 cm de longitud, microlitos y puntas de flecha de sílex, cuentas de collar de variscita). El sílex no procede del sílex tabular de la mina de Muñopepe-Padiernos, sino del sílex nodular que arrastra el río Adaja. Los útiles no presentan señales de uso: fueron tallados exclusivamente para ser depositados como ajuares. De época calcolítica son los fragmentos de cerámica Ciempozuelos y marítimo, así como una lezna y una punta en cobre.

Construido, hacia el 3.200 a.C, en un punto dominante, con la evidente intencionalidad de destacar en el paisaje, evidencia la explotación del Valle Amblés en el Neolítico. Hacia el 3000/2900 a.C un incendio ritual inutiliza el monumento. Pero durante el calcolítico la memoria sigue viva y continuarán enterrando allí, aunque parece de manera intrusiva y residual, por la representatividad del lugar, por su sacralidad y su magia.

Muy posteriormente, en época romana, parece volver a reutilizarse: un nuevo enterramiento, pero también sin huesos, como en el resto del túmulo.

Llegados a este punto habría que interrogarse:

¿sería un lugar en el que se enterrarían muchos individuos, o estaría restringido a ciertos personajes relevantes en la comunidad?
¿por cuántos poblados fue utilizado?
¿habría más túmulos de este tipo en el valle?, ¿uno por poblado?
¿Una cámara tan reducida pudo servir como lugar de enterramiento de una sociedad con una elevada mortalidad?, o ¿recogería a personajes relevantes?
¿Puede haber funcionado como lugar simbólico y cultual para la población, además de enterrar a personajes prestigiosos?

Bibliografía

  • Fabián García, J.F y Estremera Portela, S., (2002): “El túmulo de la dehesa de Ríofortes (Mironcillo, Ávila). Primera manifestación del Horizonte Rechaba en la Meseta Norte”, BSAA t.LXVIII.

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