Necrópolis de Vadillo

Vadillo de la Sierra

Periodo altomedieval (SS.VIII-XI)

Dos núcleos de sepulcros excavados en la roca que, conocidos como Lancha de la Lana y Lancha del Trigo, agrupan más de 30 estructuras se disponen contorneando la localidad por poniente, norte y saliente, visualizándose algunas estructuras dentro del propio caserío.

Un tercer núcleo, Prado Roble, con unas 10 estructuras excavadas, se inventaría al mediodía de la localidad, en la margen izquierda del arroyo Santa Lucía.

Los sepulcros están excavados en los afloramientos graníticos, tanto en lanchares a ras de suelo, como sobre berrocales a manera de bolos, en los que se aprovecharon las cazoletas ocasionadas por la erosión, optimizando así el trabajo de excavación.

Si bien hay estructuras funerarias con la orientación obligada por el ritual cristiano –cabecera al Oeste y pies al Este, mirando al Sol Naciente, a Tierra Santa, a Jerusalén-, en el mismo porcentaje se dan otras disposiciones. La ausencia de orientación homogénea está respondiendo a que las estructuras se adaptan a lo orientación del soporte granítico en el que se excavan.

Tipológicamente presentan plantas rectangulares, trapezoidales y fusiformes. Se inventarían algunas estructuras inconclusas, en proceso de elaboración.

Estarían cubiertas por lajas de granito, para cuyo acoplamiento se regularizó la superficie granítica. En cualquier caso, las tumbas no quedarían cubiertas con tierras, con lo que ello conlleva de insalubridad en la zona, aspecto acentuado por la ausencia de evacuación para los líquidos derivados de la descomposición de los cuerpos. Característico es el cajeado que, con mayor o menor esmero en la talla, contornea la estructura

El tamaño de las estructuras es variable, dependiendo del individuo al que fuera destinado en origen. Estas tumbas, posteriormente serían reutilizadas, hecho este que se ha venido dando hasta nuestros días, y que respondería al deseo de enterrarse con algún antepasado querido o a la necesidad de reutilizar tumbas por la carencia de espacio sepulcral.

Serían ejecutados por canteros especializados que, posiblemente y de manera periódica, recorriesen la comarca excavado sepulcros por encargo, todavía en vida de la persona a la que iría destinado.

Este tipo de necrópolis, común en la Sierra de Ávila, están respondiendo a áreas sepulcrales que se corresponderían con pequeñas comunidades de aldea, dispersas por las sierras y rebordes de los valles, cuya base económica sería la ganadería, y que, por ser estas unas zonas marginales, se mantendrían al margen de las disputas fronterizas entre musulmanes y cristianos.

Son necrópolis cristianas, constituidas por un número reducido de tumbas -son infrecuentes los casos en que se superan la treintena, siendo lo habitual 10-15 unidades-, distribuyéndose de manera anárquica, en principio, sin ningún criterio preestablecido, sino que están condicionadas por los berrocales y lanchares disponibles. Por lo general, aparecen distribuidas en varios grupos de tumbas, separadas por espacios estériles, posiblemente respondiendo a panteones familiares; ello también está condicionado por la disponibilidad de soportes apropiados para la excavación de estas estructuras.

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