Esculturas zoomorfas

Tornadizos de Ávila

Verracos

Característicos de las gentes vettonas, y exclusivas de su territorio, son las esculturas zoomorfas en bloques de granito, también conocidas como “verracos”; se conocen más de 400, casi la mitad de ellos en la provincia de Ávila. Están facturadas en granito, representando fundamentalmente toros, pero también cerdos y algunos jabalíes; en este sentido hay que tener en cuenta que los grandes rebaños de vacuno era la base principal de la riqueza de las élites sociales.

Cabré, en la memoria de las excavaciones del castro de Las Cogotas, quiso demostrar la correspondencia de una parte de la estatuaria en piedra con los recintos fortificados y la base ganadera de los vettones, y ello en base a que estas esculturas fueron halladas junto a la entrada principal del segundo recinto fortificado, interpretado en algún momento como, exclusivamente, encerradero de ganados, lo que sugería una finalidad relacionada con la protección, favorecedora de “una magia de pastos y, tal vez, de reproducción”. A estas esculturas –bien representadas en el Valle de Amblés-, se les quiso dar un valor mágico de protección de los animales. En la actualidad el significado más aceptado para estas esculturas, y sin rechazar la hipótesis anterior, (una parte considerable de las cuales carentes de contexto arqueológico, más del 70% ubicadas a una distancia de 2-4 Km. de los castros y el 90% emplazadas en suelos factibles de aprovechamiento ganadero) es el que sirviesen de hitos en el paisaje para señalar la propiedad sobre recursos específicos: los pastos de invierno y los manantiales. Así estarían delimitando áreas de propiedad o de usufructo, lo cual se corresponde muy bien con una sociedad fuertemente jerarquizada, en la que la “aristocracia” posiblemente basase su riqueza en la posesión de cabezas de ganado.

Su cronología habría que darla a partir del 400 a.C. hasta la desaparición de estos poblados, sin bien, una vez romanizada la zona, se continuarán facturando, pero de menor tamaño y con una intencionalidad funeraria.

Están talladas en bloques de granito, donde se representa al animal de cuerpo entero, así como el pedestal que lo sustenta. Acusan un relativo esquematismo en las formas, limitándose el autor, salvo contadas excepciones, a expresar unas líneas básicas que permitan identificar la especie. La postura es siempre similar, de pie y con las extremidades paralelas, aunque pueden marcar o no un cierto movimiento. Sus dimensiones son variables, desde ejemplares de menos de 1 m hasta esculturas de más de 2,50 m de longitud. Suelen representarse los órganos sexuales muy marcados, tratándose siempre de machos.

Por tanto, en función del tamaño, estas esculturas tendrían diferentes funciones, habiendo sido talladas en momentos cronológicos diferentes:

  1. Esculturas zoomorfas vettonas (SS.V-II a.C) o esculturas de gran tamaño, que se las supone un valor mágico, de protección del ganado, y que además tendrían una funcionalidad como hitos en el paisaje, destinados a indicar un recurso esencial para el ganado, el pasto y los manantiales, así como delimitar rutas trashumantes.
  2. Esculturas pre-romanas en contexto de la romanización (SS.II-I a.C). De un tamaño intermedio, estarían en relación con monumentos funerarios, pero ya en un momento en el que el territorio está sometido al poder romano.
  3. Esculturas zoomorfas de tradición vettona de periodo romano (SS.I a.C-II d.C). De pequeño tamaño están relacionadas con el ritual funerario de incineración (cupae que cubrirían las cistas cinerarias).

En el municipio de Tornadizos se han hallado 25 “verracos”. En la dehesa de Alameda Alta se inventariaron hasta 20 de estas esculturas alineadas, algunas de época vettona (SS.V-II a.C), otras de un periodo de transición (SS.II-I d.C) y la mayoría ya de periodo romano (SS.I-II d.C), con campos epigráficos en ocasiones y ya con una finalidad funeraria (cupae para cubrir las urnas cinerarias).

Actualmente 2 se encuentran en la dehesa de Fresneda, 14 en diferentes plazas y palacios de la ciudad de Ávila, y 8 permanecen en la dehesa de la Alameda Ata, algunas embutidas en construcciones auxiliares.

En la plaza de Adolfo Suárez de la localidad se exhibe una escultura hallada en el paraje conocido como Navaltoro. Esta escultura se enmarca dentro del periodo vettón.

Fue el arqueólogo Juan Cabré Aguiló el primero que habló de estas esculturas zoomorfas que se descubrieron en la citada Dehesa de la Alameda Alta, planteando la hipótesis de que al estar situados en fértiles prados, regados por manantiales, lejos de poblados, se trataría de símbolos protectores de ganados y de tierras en donde pastaran, aunque existan dudas sobre esta interpretación al tratarse de un número elevado de ejemplares y de diversa época, morfología y tamaño, ya que, aproximadamente la mitad, son de pequeñas dimensiones con algunas con inscripciones romanas, mientras que otras están entre el metro y medio y los dos metros de longitud y con características distintas, con funciones, sin duda, diferentes, pero que finalmente se colocaron en esa Dehesa con esa finalidad protectora de la que habló Cabré.

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