santa-maria-del-arroyo Santa María del Arroyo

Santa María del Arroyo

Datos generales

Altitud:  1152 m
Superficie:  11,13 km²

Arquitectura tradicional

Santa María del Arroyo se asienta en el fondo del Valle Amblés, ya en el reborde septentrional, a los pies de las primeras estribaciones de la Sierra de Ávila.

El caserío de Santa María surge en torno al camino de Muñogalindo a la Torre o calle Calzada, antigua vía pecuaria que desemboca en la Real Cañada Leonesa Occidental al septentrión de la localidad de La Torre. En el mismo camino, seguramente a partir de un lugar con tradición cultual, sobre el que en el S.XVII se levanta la ermita de San Antonio, se traza una gran plaza (con el mismo nombre que la advocación de la ermita).

Morfológicamente, el tejido urbano tiene una disposición espina de pez, cuya vía articuladora, con dirección S-N, emboca en la plaza principal. A ambos lados de la calle vertebradora, se trazan calles estrechas y tortuosas que delimitan manzanas de casas muy irregulares. Estas irregularidades y la confluencia de calles menores en las principales permiten la apertura de pequeños espacios o plazoletas, destacando aquella a la que se abre el antiguo ayuntamiento, edificio destacado de esta localidad.

El arroyo de Sanchicorto delimita el caserío por el Oeste y SO.

La iglesia, comunicada con el núcleo mediante un camino empedrado que parte de la plaza, se levanta a las afueras de la localidad, al Norte, muy próxima al encinar.

Pascual Madoz, a mediados del S.XIX, se refiere a Santa María de Arroyo como localidad con ayuntamiento, con un caserío configurado por 44 casas de 12 pies de altura aproximadamente y de mala distribución interior. Forman varias calles, sucias y sin empedrar, y un espacio que se llama plaza, en el que se halla la casa Ayuntamiento (por tanto, ya en esta fecha se había dejado de utilizar como ayuntamiento la antigua Casa Consistorial) y una ermita a San Antonio de Padua. Fuera del pueblo se encuentra la iglesia parroquial dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, con el cementerio inmediato a ella. Cuenta con dos fuentes de buenas aguas y dos pozos, así como con dos pontoncitos para cruzar el arroyo que surca el pueblo, telares de lienzo para uso del pueblo y un molino harinero.

El número de arquitecturas vernáculas conservadas es reducido, salpicando todo el actual casco urbano.

Se incluye Santa María del Arroyo dentro de los núcleos de baja densidad y edificación con corral delantero del piedemonte septentrional del Sistema Central, concretamente el desarrollado en la vertiente Norte del Sistema Central. Dentro del modelo de vivienda serrana, el tipo de casa que caracteriza el tejido urbano es la de disposición arcaica con corral delantero profundo y pequeño cuerpo edificatorio y de fachada, con la vivienda al fondo del corral, ocultando su fachada a la calle.

Bibliografía.

  • Benito Martín, F. (1998): Arquitectura tradicional de Castilla y León, V. I y II, Salamanca.
  • González-Hotaria, G. et alli (1985): El arte popular en Ávila, Ávila.
  • Madoz, P. (1845-1850): Diccionario geográfico-estadístico e histórico de España y sus posesiones de ultramar. Ávila. Madrid.
  • Navarro Balba, J.A (2004): Arquitectura popular en la provincia de Ávila, Institución Gran Duque de Alba

Elementos de interés

Ubicación: plaza del Ayuntamiento

Es el edificio civil más notable de esta localidad. Se emplaza en una pequeña plazoleta, originada por la convergencia de callejuelas secundarias en una de las calles principales.

De planta rectangular con dos alturas, fue construido con la finalidad de servir de Casa Consistorial y calabozo. La fábrica es de sillarejo de granito encintado con mortero de cal, excepto en las esquinas que se utilizan sillares. Las ventanas quedan enmarcadas entre jambas y dinteles de una sola pieza de granito, talladas a manera de sillar. En alzado las dos plantas quedan definidas en la fachada mediante una cornisa de sillares que sobresalen sobre el resto del paramento.

En la planta baja, en el centro de la fachada, se abre una monumental puerta arqueada -arco conopial- que da paso a una bóveda de cañón achatada, dejando un pórtico abovedado abierto al exterior. Al fondo se descubre la puerta que da acceso al edificio. Es una puerta en arco de medio punto, con las jambas y umbral en una única pieza de granito y dovelas talladas a manera de sillar. El arco que da entrada al pórtico está logrado mediante dos jambas de granito que descansan sobre sendas basas o sillares; estos sillares se continúan en otros, recorriendo ambos laterales del espacio abovedado, sobresaliendo sobre el paramento. Sobre las jambas se colocan otros sillares, a manera de capiteles, que de igual manera recorren el paramento, sobresaliendo sobre la verticalidad de este. Desde esta línea de sillares se crea la bóveda, toda ella en sillares.

A ambos lados de esta se abren dos pequeñas ventanas, adinteladas, emplazadas en el centro de cada uno de los paramentos.

En la planta superior, en la actualidad, se visualizan tres grandes vanos adintelados, si bien el vano central en origen no existió; esto es, se concibió una fachada con cuatro los vanos, dos a cada lado, sirviendo de eje la puerta principal.

La fachada remata en una cornisa mensulada, sobre la que asienta el alero del tejado. La cubierta es a doble agua con el caballete paralelo a la fachada.

Del S.XVIII, en conjunto es un edificio sobrio y macizo, cuya fachada se distribuye geométricamente: fachada dividida, horizontalmente, en dos alturas mediante una cornisa. La planta baja, a su vez, se divide en tres espacios verticales, uno central, que sirve de eje a toda la fachada, constituido por el pórtico abovedado, y dos simétricos a ambos lados. En la planta superior se abrirían, en origen, cuatro grandes ventanas, rectangulares y dispuestas verticalmente, emparejadas y coincidiéndose con los dos espacios laterales de la planta baja.

Ubicación: camino de Santa María del Arroyo a Muñogalindo

La tipología responde a los mismos parámetros que la de otras muchas que se disponen por los caminos de la comarca. De base escalonada (dos escalones) y ejecutada con sillarejos de granito, en el segundo escalón se apoya una peana troncopiramidal desde la que se eleva la cruz.

Las cruces aisladas son un elemento muy común en todos los campos de la provincia, como símbolo protector que goza de todos los poderes de que se considera portador la divinidad. Este significado se hace patente en los lugares en que el peligro es especialmente manifiesto, como en los campos o accesos a los pueblos, como protección simbólica frente a lo que pueda venir del exterior y que represente un peligro para la comunidad. Es una concepción de la religión que hunde sus raíces en el medievo, un mundo de temor en constante lucha entre el bien y el mal.

Al pasar junto a ellas se reza una jaculatoria, con el fin de liberar un alma del Purgatorio, y así quedar protegido de posibles males sobrenaturales. Pero también se buscaba protección hacia los peligros terrenales (ladrones, ataques de lobos, …) y representaban el lugar desde el cual se bendecían los campos cuando se marchaba en rogativas, favoreciendo así una buena cosecha.

Escultura zoomorfa de tradición vettona, pero ya ejecutada en periodo romano (SS.I a.C-II d.C)… leer más

Ubicación: plaza de San Antonio de Padua

Datación: S.XVII, con reformas a lo largo del S.XVIII.

Se edificó aquí para suplir a la antigua que estaba situada fuera del lugar:”… junto a la calzada, en el cerrillo, como se va a Villatoro”. La ermita nueva debió hacerse por deterioro de la antigua o para tener en el pueblo un templo donde poder asistir a los oficios divinos puesto que la iglesia parroquial estaba lejos.

Templo de nave única rectangular orientada al Norte, a la que se accede a través de una puerta en arco de medio punto, precedida de un pórtico que apoya sobre seis columnas de granito dóricas levantadas sobre una balaustrada, formando un frente tetrástilo. La fábrica es de sillerías de granito tomada con mortero de cal en la fachada y esquinas, y de mampostería en el resto.

La techumbre es una simple armadura de vigas de madera y tableros. Al exterior el tejado se presenta a cuatro aguas, levantándose en el centro de la fachada una pequeña espadaña. Está ejecutada con sillares de granito, ofreciendo una apertura central en arco de medio punto, donde tañe el cimbanillo. Tiene un alzado rectangular que remata en una pequeña cornisa desde la que se levanta un frontón triangular flanqueado por dos adornos de bolas; sobre el frontón se levanta una cruz, también en granito.

En el paramento E de la nave se adosó, a la altura de los pies, una pequeña sacristía.

Delante de la portada se erige una cruz sin ninguna característica reseñable.

El interior ofrece un aspecto más complejo que el exterior, está dividido en tres tramos separados por arco fajones apoyados sobre ménsulas que salen de los muros. Cada tramo se cubre con bóveda de aristas.

Lo más sobresaliente del interior es el retablo barroco (1731). Es de los llamados de cofradía, hecho para una sola imagen, la de San Antonio. Las imágenes que actualmente están colocadas en la parte superior son de época muy anterior al retablo. La escultura de San Antonio sigue la forma tradicional en la representación de este santo muy milagrero y, por tanto, muy venerado, con cara rasurada y la cabeza tonsurada, con el gesto agradable casi sonriente y vestido con el habito franciscano, tiene al Niño Jesús en el brazo izquierdo. Se trata de una imagen del siglo XVII, puesto que está documentado que se colocó en la ermita el 2 de mayo de 1679, aunque se restauró estofándola y dorándola para adecuarla al retablo.

También llaman la atención las pinturas que decoran las paredes de la capilla mayor. Del S.XVII, son cuadros divididos en dos partes, la superior con la figura del santo a quien está dedicada.

Bibliografía

  • Vázquez Gracía, F. (2003): “La iglesia y la ermita de Santa María del Arroyo (Ávila)”, Cuadernos Abulenses, 32, Ávila.

Ubicación: al mediodía del casco urbano, en la ladera occidental de una alomación que se eleva en la margen izquierda (en el sentido de la marcha) que comunica la localidad con la carretera N-110.

Pequeño pozo que, con anterioridad a la introducción de la red de suministro de agua corriente, sirvió como fuente para abastecimiento de la población. Está enmarcado por una tosca construcción de mampostería de granito, rematado por una gran laja que, también de tosca talla, sirve de cubierta al pozo. En el centro del antepecho se abre un vano cuadrangular que da acceso al manantial. Este hueco se levanta desde un umbral, en una única pieza de granito toscamente tallada, en cuyo centro se aprecia una hendidura, producto del roce de las maromas que permitían la extracción del agua en cubos.

Son tres los molinos existentes en el término municipal de Santa María del Arroyo, todos ellos en el arroyo de Sanchicorto y en un avanzado estado de ruina. Muy próximos entre sí, se emplazan dentro de un entorno de gran belleza, allí donde el curso fluvial se abre paso entre el bosque de encinar y el cauce discurre encajonado entre afloramientos de granito; la exuberante vegetación de ribera –arbórea y arbustiva- crea un espectacular contraste con el encinar.

Tipológicamente se enmarcan dentro de la categoría de molinos hidráulicos de rodezno y rueda horizontal.

Los dos más septentrionales comparten caz o canal de captación de las aguas del arroyo, disponiendo cada uno de ellos de su propio azud o balsa. El caz discurre a una cota superior a la de los molinos, los cuales se encuentran en el propio río; ello permite que el agua entre en el cárcavo con mayor presión. El azud del segundo molino es la estructura mejor conservada de todo el conjunto, estando, como el anterior, fabricado en mampostería de granito tomada con mortero y encintado de cal. La embocadura del bocín, que encauzaba el agua a la rueda horizontal ubicada en el cárcavo, está ejecutada en piezas de granito perfectamente talladas.

El tercer molino se intuyen el cárcavo y el caz de evacuación, por donde las aguas retornaban, después de cumplida su función, al cauce.

Los molinos propiamente dichos se encuentran en un avanzado estado de ruina y cubiertos de maleza. La fábrica es de mampostería de granito concertada, tomada con mortero de barro. De planta rectangular, no se aprecia si contaban con un segundo cuerpo en altura que funcionase como vivienda del molinero.

Ubicación: carretera N-110, en el punto donde emboca el acceso a la localidad.

La carretera N-110, a su paso por las distintas localidades, se encuentra salpicada de pequeñas ventas que, cuando los desplazamientos se hacían en caballerías y carruajes, sirvieron de hospedaje a los viajeros y comerciantes.

Siendo las localidades de Muñogalindo y Villatoro las que disponían de mayor infraestructura para hospedarse (distan 20 km entre sí y se emplazan a 20 km de Ávila y Piedrahíta respectivamente, distancia media que una caballería realizaba en una jornada), el resto de localidades también contaban con un edificio donde el caminante y sus bestias pudieran repostar y hospedarse. Este es el caso de la Venta de Santa María del Arroyo.

A partir de la segunda mitad del S.XIX, cuando los medios de transporte lo hicieron posible, cumplieron una segunda importantísima labor: los carruajes tirados por caballos, atravesaban los caminos farragosos, de venta en venta, distribuyendo el correo.

El cuerpo principal, la venta propiamente dicha, es un edificio de una sola altura y planta rectangular, con la fachada abierta a la carretera. Está ejecutado en mampostería de granito con un encintado de mortero de cal que, en algunos espacios, se convierte en revoco. Se accede por una amplia puerta enmarcada con jambas y dintel, en granito de una sola pieza talladas a manera de sillares. Una pequeña ventana se abre a cada lado de esta, también enmarcadas en piezas de granito. El caballete del tejado, a doble agua, se dispone paralelo a la fachada, levantándose en su extremo oriental una gran chimenea troncopiramidal revocada con mortero de cal. A ambos lados de la puerta, a la solana, se emplazan poyos de granito. Perpendicular a este edificio principal se dispone otro gran cuerpo, con el mismo tipo de fábrica en los paramentos. Su anchura es toda la contrafachada de la venta, lo cual obliga a emplear en la cubierta unos largos faldones, poco habituales en la zona, y, para que la caída sea la apropiada, los paramentos laterales de este cuerpo son muy bajos en comparación con la venta; por el contrario, cuenta con un gran hastial. Este espacio estaría dedicado a la estabulación de las bestias, a graneros, pajares,…

El horno de pan se exterioriza en el paramento oriental, donde un trasdosado semicircular, a manera de ábside, sobresale sobre la linealidad del paramento.

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