solosancho-villaviciosa Villaviciosa

Villaviciosa

Datos generales

Municipio: Solosancho
Altitud: 1170 m

Arquitectura tradicional

Morfología urbana de Villaviciosa

Villaviciosa, situada en la base de las primeras estribaciones de la Sierra del Zapatero y próxima al Castro de Ulaca, es un núcleo urbano de gran interés pintoresco, ambiental y patrimonial. El hecho de que sus más representativas construcciones, elementos y recintos estuvieran al servicio de las funciones ganaderas le confiere un carácter especial, completado con el Castillo, cimbanillo, verraco, recinto de Lavaderos, y numerosos edificaciones de interés (fragua, horno de pan, molino,..) y rincones urbanos, como son la plaza de la Panera o la Plaza Mayor.

A ello hay que añadir la exuberancia de la vegetación de ribera que se desarrolla en torno al arrollo de los Potrillos, y que origina el nombre de la localidad, “Viciosa”.

Todo el caserío queda incluido dentro de la zona delimitada como B.I.C Ulaca. Las Villaviciosa de España tienen firmado un acuerdo de hermandad.

Morfológicamente, el tejido urbano tiene una disposición ramificada. El arroyo de los Potrillos, que discurre por el oeste del caserío, delimitándole, fue factor decisivo en la configuración del casco urbano. El caserío surge a la sombra del castillo que, majestuoso, domina el entramado urbano; otro elemento vertebrador es la plaza Mayor.

El viario es estrecho y tortuoso, quedando configurado por la acumulación de manzanas. La confluencia de unas calles en otras crean plazoletas o pequeñas plazas, con una cierta articulación, cuyo centro aparece ocupado por instalaciones con un carácter público: hornos de pan o fragua. La plaza mayor, por su tamaño supone un relevante espacio urbano abierto, por el mediodía, al campo abierto.

Otros espacios de interés, en cuanto a la conservación de arquitectura vernácula y que ha conllevado a su Protección Ambiental dentro de las Normas Urbanísticas de Solosancho, son:

  • Plaza de las Paneras del Duque, donde se erige un interesante edificio –Paneras del Duque – que sirvió para almacenar grano. En la plaza se conservan arquitecturas tradicionales –viviendas-, caracterizadas por tener las puertas de acceso protegidas por tejadillos.
  • Corral del Concejo (o del toro), próximo a la plaza Mayor, supone un conjunto de edificios populares que conforman un patio abierto, al cual solo dan pequeños huecos y que se encontraba cerrado por un cercado de estacas de madera. El lugar sirvió para el apareamiento de las vacas con el toro, que pertenecía a la comunidad de ganaderos.

Pascual Madoz, a mediados del S.XIX, se refiere a este núcleo como anejo de Solosancho, con 43 casas de inferior construcción y una ermita (San Juan Ante Portam Latinam). Paradójicamente no hace referencia al castillo.

Tipología de viviendas de Villaviciosa

Se incluye Villaviciosa dentro de los núcleos de baja densidad y edificación con corral delantero del piedemonte septentrional del Sistema Central, concretamente el desarrollado en la vertiente Norte del Sistema Central. Dentro del modelo de vivienda serrana, el tipo de casa que caracteriza el tejido urbano es la de disposición arcaica con corral delantero profundo y pequeño cuerpo edificatorio y de fachada, con la vivienda al fondo del corral, ocultando su fachada a la calle.

Al margen de esta clasificación quedan algunas viviendas caracterizadas por abrir la fachada a la vía pública y plantear un acceso protegido por un portalillo soportado por toscos pilares en bloques de granito.

Bibliografía.

  • Benito Martín, F. (1998): Arquitectura tradicional de Castilla y León, V. I y II, Salamanca.
  • González-Hotaria, G. et alli (1985): El arte popular en Ávila, Ávila.
  • Madoz, P. (1845-1850): Diccionario geográfico-estadístico e histórico de España y sus posesiones de ultramar. Ávila. Madrid.
  • Navarro Balba, J.A (2004): Arquitectura popular en la provincia de Ávila, Institución Gran Duque de Alba

Elementos de interés

Ubicación: paraje de Fuente de los Piojos, a los pies, en su frente oriental, del castro de periodo visigodo de La Cabeza de Navasangil.

Tallado en un único bloque de granito, tiene planta trapezoidal, con baquetones en los ángulos.

El sarcófago fue exhumado durante una campaña de excavación dirigida por Molinero, quedando asociado a una necrópolis de cistas de lajas de granito de cronología visigoda.

Lajas procedentes de cistas de inhumación de la necrópolis se reutilizaron para delimitar un reguero que encauza agua de riego desde la fuente que da nombre al yacimiento.

La necrópolis se dispone en torno a un centro de culto que se manifiesta mediante un túmulo rectangular, al que se asocian materiales constructivos dispersos.

Encuadrada en época visigoda, pudiera ser el cementerio de La Cabeza de Navasangil.

Procedencia: Su procedencia es desconocida, aunque hay que intuirla en el las proximidades del castro de Ulacaleer más

Sepulcro excavado sobre lanchar granítico que, condicionado por la disposición de la superficie, se orienta Sur-Norte, transgrediendo el ritual cristiano que obligaba a deponer el cadáver orientado a Jerusalén. Tipológicamente es de planta trapezoide, … leer más

Posiblemente con un origen en los rituales vetónicos, “los cantos de responsos” son ciclópeos bolos que dominan el paisaje. Se ubican junto a caminos y cursos fluviales, y sobre ellos se han ido acopiado pequeñas piedras lanzadas por los viandantes; al arrojar la piedra, se rezaba un responso, con la finalidad de quedar protegido de las ánimas y otros peligros que el camino pudiera deparar.

Son rocas que conservan un ritual folklórico, posiblemente relacionado con el mundo funerario celta. El rito consiste en tirar piedras sobre un canto de grandes dimensiones para librarse de las ánimas. Se trata de un ritual céltico relacionado con un lugar onfálico y con el Más Allá, que constituye un nuevo e interesante ejemplo de pervivencias célticas en el folklore de la Península Ibérica.

Los estudios realizados sobre las “peñas sacras” de la Península Ibérica apuntan hacia su aparente vinculación con el substrato proto-celta originario de la Edad del Bronce, lo que explicaría el carácter muy arcaico de alguno de los ritos con ellas relacionados, aparentemente asociados a una consideración onfálica de estas grandes peñas como elemento y símbolo de perennidad.

Los “Cantos de Responsos” se caracterizan por tratarse de ritos en determinadas peñas asociados a los muertos. Estos aspectos son de gran interés para precisar que se trata de la pervivencia, en una tradición actual, de un ritual religioso celta, pues está demostrado que el folklore religioso europeo ha conservado una herencia prehistórica.

La tradición religiosa del “Canto de los Responsos”, cargada de simbolismo, evidencia la creencia en que los espíritus de los difuntos vagaban por el “monte” y territorios agrestes, equiparables al saltus, como contraposición del territorio antropizados del poblado, donde habitan los vivos. Además, el rito de arrojar una piedra para tranquilizar o alejar al espíritu del difunto supone que dicho lugar era considerado, de forma más o menos consciente, como punto de contacto con el Más Allá, lo que manifiesta su carácter onfálico, tal como confirman los ritos adivinatorios conexos.

Tras la cristianización ocurrida en época indeterminada, y confirmada por la/s cruces grabadas que suelen contener estos bolos de granito en la base, dicha práctica se debió equiparar a la tradición litúrgica cristiana del responso, para liberar un alma del purgatorio, pero se mantuvo la creencia de que las ánimas vagaban por lugares agrestes, donde podían afectar negativamente a los vivos si no se les ofrendaba el ritual debido: arrojar la piedra al pasar por el “Canto de los Responsos”.

Canto de responsos del arroyo de los Potrillos

Ya en la Sierra del Zapatero, en la margen izquierda del arroyo de los Potrillos y junto al camino del mismo nombre, una vez superado el acceso a La Cabeza de Navasangil, se halla este majestuoso bolo de granito.

Cantos de responsos de Las Chorreras

Ubicación: Se localizan en una estrecha garganta delimitada por estribaciones montañosas graníticas, exentas de vegetación arbórea, por la que discurre el arroyo de Garganta Honda. Los dos cantos de responsos y el canto del perdón se localizan en la margen izquierda del curso fluvial, allí donde emboca en el arroyo de los Potrillos y la garganta se abre.

Muy próximos entre sí, se disponen los dos cantos de responsos, que no responden a una de las características de este tipo de monumentos: se erigen en un ámbito por el que no se traza ninguna vía de comunicación.

Sobre un afloramiento rocos, allí donde confluyen los dos cursos fluviales, se localiza un canto del perdón, o afloramiento rocoso sobre cuya superficie se han insculpido cruces cristianas en un número 5, con distintos tamaños e insculpidas por distintas manos, posiblemente en momentos distantes en el tiempo. En una pequeña bola de granito, junto a la masa de granito con cruces incisas, se han inscrito unas grafías y una serie de símbolos. El conjunto responde a la rememoración de algún hecho relevante, posiblemente la muerte violenta de alguna persona.

También cabe la posibilidad que cantos de responsos y cruces inscritas estén relacionadas; tal vez las cruces vengan a suponer la cristianización de un lugar de culto pagano con una profunda raigambre entre la población

Bibliografía

  • Almagro Gorbea, M (2006): ”El canto de los responsos de Ulaca (Ávila). Un rito celta del más allá”, Revista de ciencias de las religiones, Madrid.

Declarado BIC, con categoría de Zona Arqueológica.
En el yacimiento se han ejecutado varias campañas de restitución topográfica y restauración en la muralla.
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La Cabeza de Navasangil se ubica en el reborde meridional del Valle Amblés, espacio intramontano, en el centro de la provincia de Ávila, delimitado por el mediodía por la línea de sierra de la Paramera-Zapatero-Serrota,… leer más

Se erige presidiendo el casco urbano, contiguo al arroyo de los Potrillos. Está conformado por varios recintos, principalmente de los SS.XV-XVI. leer más

Del S.XVI, se erige a la entrada de la localidad, sobre unos afloramientos de granito que se elevan sobre la cota de suelo unos 5 m.

Conocido como el Cimbanillo, responde a una pequeña espadaña para pender una campana o cimbanillo.

La espadaña consta de un arco de medio punto contrarrestado por dos contrafuertes laterales que, ejecutados en sillería de granito, se erigen desde la roca granítica. El arco está configurado por cinco dovelas; sobre la clave se elevaría una pequeña cruz, de la que únicamente conserva la peana y el arranque del fuste. La línea de imposta no se marca. La luz o vano es estrecha y esbelta.

La tradición cuenta que servía como cimbanillo de aviso de ataques. En realidad, debe ser interpretada como parte de un antiguo templo desaparecido (cuya espadaña también serviría para alertar a la población de la llegada de transeúntes, de fuegos, …), con el que se relacionaría una necrópolis de lajas, parcialmente expoliada en los años 50, cuando se trazó la carretera de acceso a Villaviciosa.

Dentro del casco urbano de Villaviciosa, el edificio de la fragua da nombre a la calle en la que se ubica.

Es un pequeño edificio que se adosa a otra construcción con las mismas características constructivas. Se localiza relativamente próximo al arroyo de Los Potrillos (el agua sería fundamental en la actividad realizada en este espacio artesanal), pero alejado del potro de herrar, cuya funcionalidad estaría directamente relacionada con la de la fragua.

Es de planta rectangular y con cubierta a dos aguas, aunque en la actualidad se encuentra hundida, habiendo desaparecido la chimenea que se correspondería con la fragua propiamente dicha. La fábrica es de mampostería concertada de granito asentada con ripios y tomada con un pobre mortero de barro. Las esquinas y la puerta se refuerzan con sillarejo de granito; el dintel se crea con vigas de madera. La puerta es el único vano abierto en los paramentos. No tiene subdivisiones internas y es de planta única, con la techumbre (en la actualidad arruinada) lograda mediante rollos de madera perpendiculares a la viga maestra que asienta sobre pendolones. El tejado es a dos aguas, con el caballete paralelo a la fachada, en cuyo centro se levantaría una pequeña chimenea.

El potro de herrar se ubica a las afueras del caserío (entorno periurbano), pero alejado de la fragua, con la que estaría íntimamente ligado. Fue, como la fragua, de uso público.

Consta de 4 bloques monolíticos de granito de 1´80 m de altura, muy toscamente desbastados, observándose incluso las huellas de las cuñas de cantera. Conserva, aunque en estado de putrefacción, una de las dos vigas transversales de madera: el rodillo. El yugo ha desaparecido. En el suelo se hincan dos de los tres pequeños bloques de granito donde se sujetarían las patas del animal.

Para evitar que los pies derechos de granito se desplomasen, se cosieron, por la cabecera, mediante láminas de hierro.

El oficio de herrero y herrador, unido en la misma persona, era crucial dentro del ámbito rural, en el que la base de la economía era la agricultura y ganadería. El herrero producía herramientas y útiles, y el herrador fabricaba las herraduras. La relevancia de estas actividades hizo que los ayuntamientos poseyeran una fragua y un potro de herrar, que cedían gratuitamente al artesano para que prestase el servicio.

Recientemente restaurado. Característico del municipio de Solosancho, como en el resto de la comarca del Valle de Amblés, es la existencia de infraestructuras con un carácter público y uso compartido. Las más comunes son las fuentes, fraguas y potros de herrar, pero en municipios como Solosancho también lo son los hornos de pan, donde los vecinos iban a cocer su propio pan y los dulces. Estos hornos, igual que las fraguas, son pequeños edificios aislados, pero a diferencia de las primeras, se ubican en el interior del caserío, ocupando pequeños espacios o plazoletas creados en las afluencias de calles secundarias en otras principales. Es el caso del horno de Villaviciosa.

De nave única y planta rectangular, se levanta exento de cualquier construcción, ocupando el centro de un espacio abierto –plazoleta- creado por la confluencia de varias calles. Orientado al mediodía, la fábrica es de mampostería de granito desconcentrada y asentada con ripios, reforzada en las esquinas con mampostería, colocada a cuerda, de mayor tamaño. Esta misma fábrica se emplea en el único vano existente, la puerta, cuyo dintel es de madera. El tejado es a doble agua, con el caballete perpendicular a la fachada, donde se abre la puerta de acceso. La techumbre estaría lograda mediante rollos de madera perpendiculares a la viga maestra que asentaría sobre pendolones.

Es de planta única, con la mitad septentrional del edificio ocupada por el horno, que supone una bóveda de ladrillo revocada con barro con una boca en arco de medio punto para manipular el pan. Bajo esta boca, enmarcado en una estructura de mampostería de piedra que va de lateral a lateral del edifico, se encuentra la boca de alimentación del horno. Desde la bóveda se desarrolla la chimenea.

Se localiza dentro del casco urbano, pero en una zona de huertas, en la periferia. Responde a un pequeño pozo que, con anterioridad a la existencia de agua corriente, sirvió como fuente para abastecimiento de la población. Está enmarcado por una construcción tosca de granito: un parapeto rectangular, facturado con sillarejo de granito, rematado por una gran laja de granito, de tosca talla, la cual sirve de cubierta al pozo. En el centro del antepecho se abre un hueco cuadrangular que da acceso al manantial. Este vano se levanta desde un umbral, en una única pieza de granito toscamente tallada; en el centro se aprecia una hendidura, producto del roce de las maromas que permitían la extracción del agua en cubos. El interior del pozo está recubierto con mampostería de granito.

Contiguo al castillo, es un recinto a cielo abierto integrado por una plataforma rectangular, ejecutada en mampostería de granito y con el pavimento de codón en posición radial. El lateral oriental queda ocupado por las dos grandes pilas rectangulares (para poder ser utilizadas por varias personas a la vez), ejecutadas en granito y adaptadas para acoplar los lavaderos de madera; en el frente opuesto se ubica una fuente que, ejecutada en sillería de granito y con copete tallado, alimenta los lavaderos. También servía para el abastecimiento doméstico de agua, transportado en cántaros cerámicos.

El lavado de la ropa era una dura faena. Larga en duración y empleo de tiempo, y dura por el esfuerzo físico que requería y las condiciones de temperatura del agua en los largos meses de invierno.

En una época en que el agua corriente en las casas no se conoce, el lavadero es un centro imprescindible en la localidad, un lugar exclusivo de las mujeres, donde charlaban, intercambiaban opiniones, … donde se encontraban libres de la presencia masculina.

SS.XVI-XVIII

Estos restos estructurales se localizan en el propio casco urbano de Villaviciosa, en un callejón emplazado en el límite del pueblo por el suroeste, a unos 150 m. del cauce del Arroyo de los Potrillos y, concretamente, del puente que salva este río.

Está ejecutado en mampostería de granito tomada con mortero de cal. El sistema de captación de agua ha desaparecido (aliviadero, pesquera, cacera, …).

Conserva el cubo troncocónico que, ejecutado en sillería de granito, se localizaría al mediodía del molino, del que únicamente se intuye su planta cuadrangular amortizada por construcciones posteriores. La robustez del cubo responde a la resistencia que había de ofrecer a la corriente de agua.

El molino de rodezno fue el tipo más utilizado en los ríos abulenses. El agua era captada en el río, en una presa o azud, y se encauzaba hasta el cubo mediante un sistema de canalización o de caz. El cubo haría aumentar el desnivel, y con ello la fuerza de caída del agua sobre el rodezno motriz.

El edificio consta de dos plantas: la baja o hidráulica, donde el agua mueve la rueda horizontal o rodezno, retornando al río a través del socaz; y sala de piedras, en la que tiene lugar la molienda.

El movimiento del rodezno es transmitido a la sala de molienda por el palahierro. El cereal se echaba en una tolva de madera que dirigía el grano sobre las piedras de moler: la solera o de base, de mayor tamaño y fija al suelo, y la muela, que giraba sobre la anterior impulsada por el palahierro, moliendo el grano.

La harina caía sobre unos esterones colocados en torno a las muelas. Tras ser retirada se cribada, eliminando los restos de cortezas y vainas. Por último, se almacenaba en costales (sacos).

Los molinos tradicionales para el cobro utilizaban el sistema de maquila: el dueño del molino se quedaba con un porcentaje de la harina obtenida en la molienda.

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